Novena a la Virgen de las Angustias (Granada)


Sábado 31 de agosto de 2013
por  Maestro Lenwé
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Novena a la Virgen de las Angustias (Granada)


Preparación:

Vamos a proceder a realizar esta novena. Al comenzar esta
novena, hágase con fe en Dios que manifiesta su amor y
misericordia en Nuestra Señora de las Angustias, pidiendo
por su intercesión: el remedio de sus enfermedades y
dolencias, la solución de sus problemas y necesidades.

Debe rezarse durante los nueve días de la novena. Los nueve días se inician con el acto de constricción, prosiguen con la oración para todos los días y finalizan con la oración particular de cada dia incluyendo el rezo de
tres Padres nuestros, Ave María y Gloria Patri, en memoria
de las tres horas de agonía que tuvo la Santísima Virgen al
pie de la Cruz en el Monte Calvario, y se hace la petición
que se desee conseguir.

Acto de Constricción:

"¡Adorada Virgen de las Angustias!: Yo os amo Señora con todo mi corazón, y me
pesa de haber ofendido a vuestro Hijo, mi Señor, mi Padre y mi verdadero Dios, en
quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas. Me pesa en el alma ¡oh
Madre mía!, haber sido con mis culpas la causa de las angustias que padecisteis en toda
la vida, Pasión y muerte de mi santísimo Redentor. Yo propongo firmemente, Madre y
Señora mía, nunca más cometer el pecado, y consolar vuestro angustiado corazón con la
enmienda de mi vida. ¡Madre del alma! yo os suplico humildemente que ofrezcáis a
vuestro Hijo y mi Dios, todas las penas de vuestra inmaculada vida, en satisfacción de
mis muchos pecados. Así os lo suplico y confío de vuestra bondad que me alcanzaréis
de su misericordia infinita, el perdón de mis culpas. Amén".

Oración inicial para todos los días:

¡Oh Reina del dolor y Madre bendita de las Angustias! a tus plantas se acerca un
alma amante de tus dolores, a buscar en ellos el consuelo de sus pesares. Bien sé,
Señora, que mis pecados y mis ingratitudes son las espinas que coronaron la cabeza de
tu divino Hijo, los azotes que cubrieron su cuerpo sacratísimo, las salivas y burlas con
que le escarnecieron y la Cruz en que le crucificaron.
Pero Tú, que eres Madre de misericordia, alcánzame del Señor el perdón de todos, y la
gracia de que os llore con lágrimas de verdadera penitencia. Yo quisiera Señora, que
volvieras a mí tus ojos llenos de amor y de piedad y me alcanzases las gracias que
necesito, para que estas súplicas le sean gratas a tu divino Hijo.

No olvides que eres
nuestra Madre… ¿y qué le pedirá un hijo a su madre que no le sea concedido? Con esta
seguridad me acerco a tu trono y lleno de confianza te ruego me concedas que no pida
en esta novena nada que no sea de tu agrado, fervor para enjugar con él el llanto de tus
maternales ojos, y que siempre ¡Oh Madre! estéis a mi lado disipando con la lumbre de
tus miradas las sombras del pecado. En tus manos pongo mi alma, con la esperanza de
que la presentarás a tu Hijo y le pedirás que la conduzca a la vida eterna. Amen.

Oración Final para todos los días:

¡Oh Virgen de las Angustias, la más amante de todas las madres!; faro luminoso
que alumbra al hombre en medio de las tinieblas de la vida; Divina Estrella que guías
los pasos del mísero mortal en su carrera por el mundo; Puerto seguro de paz y de
bonanza; bálsamo prodigioso que curas las heridas del alma y los dolores del corazón. A
tus plantas rendidos los hijos de tus dolores, vienen a llamarte Madre, a enjugar las
lágrimas de tus ojos, aliviando así tus acerbos dolores. Prometemos trabajar Señora,
porque tu nombre sea de todos conocido y por todos amado. Detestamos el pecado que
tanta sangre y lágrimas costó a vuestro Hijo y a Vos. Quisiéramos, que nuestra vida toda
se empleara en serviros. Y pues nos adoptasteis por hijos en la altura del Calvario, no
nos abandonéis jamás, para que siempre seas Tú la que reine entre nosotros. Bendecid
nuestros hogares y nuestras familias, en las que queremos vivir siempre la llama de tu
purísimo amor. Atraed hacia Vos tantas almas como andan por los caminos de la
perdición. Señora, que vuelvan y sepan que no sólo les espera en la puerta del hogar un
padre dispuesto a perdonarles, sino una madre cariñosa que les abre los brazos para
darles todo su corazón. Concedednos las gracias que os pedimos en esta novena si
conducen a nuestra salvación, y si no, dadnos solo vuestro amor. ¡Oh Virgen de las
Angustias!, dadnos siempre vuestro amor que con él seremos felices en la vida y en la
eternidad. Amen.

DÍA PRIMERO

¡Oh Virgen angustiadísima!, que después de haber permanecido con Jesús, treinta
años en el seno de aquel hogar de Nazaret, cercado de purísimos amores y de santas
dulzuras, visteis cómo un día se despedía de Vos para internarse en el mar del mundo
judaico donde habían naufragado tantos profetas: por el dolor que experimentaríais al
dar a vuestro Hijo el adiós de despedida, y por las angustias que sentiría vuestra alma al
verlo partir, os suplico, Señora, me concedáis gracias , para que, con santa resignación y
con tranquilidad de ánimo pueda contemplar cómo se disipan y se van las ilusiones de la
vida , sin que mi corazón se apegue a nada que no seáis Vos o la gloria de vuestro
Santísimo Hijo. No me neguéis esta gracia, que me atrevo a pediros al contemplar la
primera de vuestras angustias, para que así, no amando otra cosa sino a Vos, logre algún
día la vida eterna. Amén.

DÍA SEGUNDO

Angustiada Virgen María, encanto de los Cielos y consuelo de esta miserable tierra;
Madre afligidísima con la separación del Hijo de vuestros amores, que sabiendo que
había sido condenado a muerte de Cruz, saliste a su encuentro en la calle de la
Amargura para darle el último adiós; por la angustia y el dolor que experimentasteis al
ser rechazada por aquellos crueles soldados, para que no os acercarais al Hijo de vuestro
corazón; por la pena que sentisteis cuando alzando el divino Nazareno sus apagados
ojos, los fijo en Vos al mismo tiempo que con voz temblorosa os llamaba ¡Madre!,
palabra que resonó en vuestros oídos como fúnebre campana que destrozaba el alma; te
suplico me alcances de tu divino Hijo, resignación para saber llevar la cruz que el Señor
ha puesto sobre mis hombros, y que ésta sea para mí, no motivo de condenación, sino
fuente de inagotable de merecimientos para la vida eterna. Amén.

DÍA TERCERO

Angustiada Virgen María, que ansiosa y anhelante por contemplar de nuevo a
vuestro Hijo, subisteis bajo un sol abrasador las faldas del Calvario, hasta llegar a la
cumbre del monte santo del Gólgota, y allí de pie, junto a la Cruz, le visteis agonizar y
morir, quedando sola y desamparada, sin más alivio que amarguras y sin más compañía
que tormentos. Por el dolor que experimentasteis al contemplar, cómo aquellos bárbaros
verdugos, más crueles que las fieras, clavaban los pies y manos del que había pasado
por la tierra haciendo el bien y sembrando beneficios, te ruego me alcances del Señor
una encendida claridad para amar siempre a vuestro Hijo, que por mí murió crucificado,
y que mis pasos en la vida siempre se encaminen por la senda de la virtud, para así
llegar algún día a la patria celestial. Amén.







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