Oración del preso o encarcelado para libertad


Jueves 7 de noviembre de 2013
por  Maestro Lenwé
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Oración al preso o encarcelado


Preparación:

Esta oración va dirigida a ayudar a una persona presa, pediremos por su pronta puesta en libertad. Es recomendable, aunque no imprescindible, antes de recitarla proceder a encender una vela de color verde simbolo de la esperanza y si es posible realizar una vaporización de aceite ensencial con perfume de incienso.

Es bueno mantener la cabeza un poco inclinada cuando se recita y al final hacer la señal de la cruz, momento en el que se debe comunicar la petición que se necesita alcanzar, posteriormente es aconsejable en estos momentos no pensar más en la petición y quedar en paz procurando tener la mente en blanco en torno a dos minutos y acto seguido apagad la vela y la lamparilla o sahumerio con perfume que se encendió al principio. Es recomendable decirla tres veces al día: mañana, tarde y noche, y los más adecuado es que la persona a quien va dirigida también la rece.

Rezo:

«Oh Juez de todos, deja que la justicia eterna sea vista por todas las cortes de la ley y haz que todo hombre respete la ley y que vivan en armonía y obediencia así como tods serán juzgados y encontraremos misericordia ahora y en la hora del Sagrado Juez. Recuerda nuestras ofensas pero líbranos del enemigo. Prospera con la ayuda del Espíritu Sagrado, ellos quienes nos asistan en esta hora de necesidad, deja que el espíritu Sagrado los guíe. Ellos pueden prosperar en obtener un favorable juez. Oh Dios tu que eres victorioso, reinando sobre todos que en su tiempo arreglaremos y todos las cosas unidos, y que el Espíritu Poderoso nos guíe a la victoria de parte de Cristo Jesús Nuestro Dios. Amén»

ORACIÓN PARA PEDIR JUSTICIA POR PRESO FAMILIAR

Tú siempre te mostraste amigo de los pequeños, de los pobres y de los excluidos, hasta el punto de querer pasar por la experiencia del preso: fuiste denunciado, detenido y apresado en la oscuridad de la noche, conducido a la cárcel y sometido a interrogatorios, insultos, burlas, malos tratos y torturas, juzgado sin las debidas garantías, condenado y ejecutado (como muchos a lo largo de la historia y también hoy).

Tu amor te llevó a identificarte con ellos y a permanecer presente en ellos: estuve en la cárcel y viniste a verme.

Ante este gesto tan desconcertante nos atrevemos a pedirte por las presas y presos de hoy para que:

  • No piensen que porque la sociedad los condena, Tú los rechazas.
  • No renuncien ni un solo momento a su dignidad de personas e hijos de Dios.
  • No pierdan nunca su libertad interior.
  • No se desesperen ni caigan en depresión.
  • No renuncien a esforzarse contra todo tipo de opresión, represión e injusticia.
  • Se afanen en cambiar de conducta.
  • Hagan por su vida y por su reinserción. No abandonen a sus familias y amigos, ni sean abandonados por ellos. Su situación los acerque más a Ti y sean salvados del mundo. También queremos pedirte por nosotros, su familia, la sociedad y la Iglesia para que:
  • No rechacen a las presas y presos por el hecho de serlo.
  • Les respetemos como personas que son.
  • Te veamos y sirvamos a Ti en ellos.
  • Los acojamos con cariño y comprensión cuando recobren la libertad.
  • Les acompañemos y ayudemos a reinsertarse.
  • Nuestro amor, en definitiva, les ayude a descubrir que Tú les quieres.
  • Te lo pedimos por María, tu Madre y nuestra Madre. Amén.

ORACIÓN DEL PRESO

Señor, me dicen que debo orar. Pero ¿cómo puedo orar yo que soy tan desdichado? ¿cómo puedo hablarte en mi condición actual?
Yo estoy triste, me encuentro indigno a veces y me siento desesperado. Me creo maldito y me resisto a orar. Yo sufro profundamente, porque todos están contra mí y me juzgan un malvado porque me encuentro aquí, lejos de mis seres queridos, apartado de mis ocupaciones, sin libertad y sin honor. Y sin paz ¿cómo es posible que yo me dirija a ti, Oh Señor.
Ahora ya te contemplo en la cruz. Tu también, oh Señor has sufrido, y ¡qué sufrimiento! Yo se que tú eras bueno, eras sabio, eras inocente, y el os te enjuiciaron, te deshonraron, te juzgaron, te azotaron, te crucificaron, te dieron muerte, pero ¿por qué? ¿dónde estaba la justicia?
Y tú fuiste capaz de perdonar a quienes te trataron con tanta injusticia y crueldad. Tu oraste por ellos. Y aun mas: Tu quisiste morir así para salvar a quienes te dieron muerte, para salvarnos a nosotros, hombres pecadores. ¿También puedes salvarme a mí?

Siendo así. Señor, se puede que un hombre sea bueno en su corazón aun cuando una sentencia de los tribunales de los hombres caiga sobre sus espaldas. Yo también.

Oh Señor, en el fondo de mi alma me considero mejor de lo que los otros hombres piensan; yo sé lo que es justicia, lo que es bueno, lo que es honor, lo que es virtud.

Ante ti estos pensamientos surgen en mi mente: ¿tú lo conoces? tú sabes que siento disgustos por mis miserias? ¿Tú sabes que estoy a punto de gritar y de llorar? ¿tú me oyes, oh Señor? Esta es mi oración.

Si, esta es mi oración ¡desde mi profunda amargura yo elevo mi voz a ti: no la desoigas, al menos que tu ,que sufriste tanto como yo, más que yo. Por mi, al menos tu Señor, óyeme. Yo tengo que pedirte muchas cosas.
Dame Señor la paz del alma, dame tranquilidad de conciencia, una nueva conciencia capaz de buenos pensamientos. Si Señor a ti te lo diré: si yo me extravié, perdóname, todos necesitamos perdón y misericordia; yo te pido protección para mi también, Señor, diles que me recuerden, que me amen aun. Yo angustiosamente necesito saber que todavía alguien se acuerda de mí y me ama.

Y también de estos compañeros de desgracia y aflicción que conmigo se encuentran en esta prisión, Señor ten misericordia. Misericordia para todos, si y también para quienes nos hicieron sufrir, para todos los seres humanos en este desdichado mundo.

Pues nosotros somos, oh Señor, tus criaturas, tus semejantes, tus hermanos. Oh Cristo, ten misericordia de nosotros.

A nuestra pobre voz unimos la dulce e inocente voz de la Virgen, de la Santísima María, que es tu Madre y es también para nosotros una Madre de mediación y de consuelo. ¡Oh Señor danos tu paz! ¡Danos esperanza!







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